Ser un par de jóvenes proactivos, diligentes, curiosos, etc.., supone estar en constante movimiento dentro y fuera de la urbe donde radicamos. Para cumplir con las diversas actividades académicas y extraacadémicas que nos tocan desarrollar, debemos viajar regularmente (para agrado y felicidad personal o envidia colectiva). Es de suponer que cada lugar que visitamos tiene una serie de características y riquezas que nos gustaría compartir de alguna manera. Lo más común es que cuando una persona viaje, a su retorno venga mismo ekeko, cargado de “recuerditos” que varían de tamaño y precio según las posibilidades del viajero. Esto no implica que cada uno de estos regalitos tenga un significado especial, muchas veces es lo último que se compra antes de coger el carro de retorno, a fin de que nuestro “recibidor” no se sienta MAL.
El tema del regalo es increíblemente largo y tedioso. Hablo por los dos cuando afirmo que el regalo no debe ser una obligación en ningún caso. El regalo encierra un contenido semántico, alegórico, simbólico. Debe tener un motivo por el cual le nazca a uno darle este objeto material al otro; objeto que tiene un contenido específico de un espacio geográfico, la evocación de un recuerdo o alguna variante que toque el lado personal del donante.
En el proceso que vivimos, aquello que lícitamente estamos construyendo, supone que no hemos de “interferir” en el desarrollo normal de nuestras vidas. Sin embargo, esto no quita que en cada una de nuestras travesías viajantes nos empecemos a extrañar y dedicar buena parte de nuestro día pensando en el otro, su bienestar y en cuanto me estará extrañando!!! Como es obvio es casi imposible que podamos acompañarnos en estos paseos, algunos arduos y otros no tanto pero ambos gratificantes.
Entonces acordamos que… “... cada vez que realicemos algún viaje habremos de traer un elemento simbólico que refleje el lugar que hemos visitado y contenga un significado particular. No importa la dimensión, costo o procedencia*”
* (La legalidad aquí no cuenta)
viernes, 27 de abril de 2007
Quinto Acuerdo
en
8:34
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1 comentarios:
Tamos bien. Yo que soy malo para los regalos, me enfocare en lo simbólico. Ojo, tomaré en cuenta que el primer "recuerdo" me lo trajiste de una mina, fue una piedra que tenia incrustado un mineral vulgarmente conocido como "oro para tontos". Apelando a lo simbólico, ¿que me quisiste decir?
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